jueves, 27 de marzo de 2008

ORGULLO Y AMOR PROPIO = SOBERBIA

Pregunta: ¿Por qué nos cuesta tanto ceder? ¿Cuáles son los mecanismos del orgullo? ¿Qué deberíamos hacer para vencer nuestro amor propio?

Respuesta: Soberbia, orgullo, amor propio.... Sin duda podríamos distinguir entre estos tres términos -la soberbia es más grave que el orgullo; y el orgullo que el amor propio-; pero probablemente sea más práctico utilizarlos como sinónimos, ya que es un hecho que la soberbia, el orgullo y el amor propio los encontramos perfectamente compenetrados. Y no olvidemos que la soberbia es un pecado capital; es decir, que está en la raíz de muchas otras situaciones que vivimos y provocamos a diario.

Describiendo los síntomas por los que se puede descubrir este malestar y que nos hace sentir mal internamente afectando nuestro espíritu.

Rechazo de las correcciones: El orgulloso recibe cualquier corrección como si fuera un ataque personal. Inmediatamente responde y lo primero que hace es ponerse a la defensiva. No es consciente de que el destino guiado por Dios pueda estarse utilizando a otra persona para abrirle los ojos y dejar ver sus defectos. Esta situación pudiera provocar que una persona soberbia entienda que puede resolver esa situación por si mismo, sin ayuda de consejos, enseñanzas, testimonios, etc.

Terquedad: Se traduce en incapacidad de ceder en las discusiones. En el fondo el orgulloso mantiene sus posiciones por "propias", antes que por "verdaderas". En medio de la discusión, no deja oportunidad a ver las razones del contrario. En realidad, lo está sintiendo como un contrincante. Incluso aunque el orgulloso pudiera estar consciente en su interior de que no de esta en ningún error, esta persona puede mantener una actitud de no ceder ya que seria humillarse si reconoce que esta equivocado. Justamente el problema consiste en que siente como humillación el decir "me he equivocado".

Desencanto ante el fracaso: Cuando el soberbio fracasa en su objetivo, se derrumba interiormente. Su decepción es un signo muy claro de orgullo, porque deja al descubierto que había construido en sueños su personal castillo de naipes, en el que -por supuesto- ocupaba el lugar central; y la desesperación le invade al comprobar cómo saltan por los aires sus planes. En realidad, el problema está en que al soberbio no le interesa y no admite que las cosas no siempre salen como se quiere. En momentos así, hay que aceptar el resultado y aprender de lo vivido, estudiar las tácticas utilizadas y modificar lo mal que hicimos, solo Dios sabe que nos conviene a nosotros en cada momento.

Pero, ¿qué deberíamos hacer para vencer esta mala actitud? ¿Qué estrategia seguir? Yo propongo de manera humilde esto:

Fe: Cuando uno es un orgulloso, es imposible llegar a ser humilde sin pasar por las humillaciones. El hecho de que las humillaciones nos angustien tanto, revela que todavía no somos humildes. Pero, sin embargo, es importantísimo tener fe y perder el orgullo maldito no pensar que aceptar las ideas de los otros, es humillarnos. No olvidemos que las penitencias que no son buscadas, son las que más valor y fruto pueden llegar a tener. El orgulloso debería de hacer el siguiente acto de fe: "Me duele, luego me puede sanar".

Pedir perdón: le cuesta mucho al orgulloso llegar a pedir perdón con franqueza. Aunque su voluntad esté decidida a luchar contra su error, difícilmente podrá controlar sus primeros impulsos, que se encontrara de frente con la humildad. Ahora bien, aunque en los comienzos del camino de humildad, al soberbio puede perder el control sobre el impulso pero aun así, todavía dispone de una salida “pedir perdón”, pedirlo aunque esta en la cama, antes de despedirse de su pareja. No pensemos que es tontería pedir perdón cuando el mal ya está hecho. A parte de que podemos evitar el escándalo y así evitamos alimentar el morbo de quienes nos rodean, también nos brinda la oportunidad de aprender a controlar nuestros impulsos.

En resumen, el soberbio, el orgullo y el amor propio..., en realidad se confunden en lo mismo

1 comentario:

alas de mi libertad dijo...

pieso que para que la plaga del orgullo no te imbada,siempre hay que ponerse en lugar del otro,de esta manera veremos,las ciscustancias de los demas,y no siempre las propias,nos deremos cuenta de que cada uno tiene su verdad,¿y quien esta en posesion de la verdad?besos